
Es el 23 de agosto de 1937. A primera hora de la mañana, José María Hernández Garnica llega a la Legación de Honduras, donde está refugiado San Josemaría, junto con Álvaro del Portillo y otros más. Es el primer encuentro tras once meses de serias vicisitudes.

Chiqui no veía a San Josemaría desde el 7 de octubre de 1936, después de pasar tres meses escondiéndose en diferentes domicilios, por haber desertado del ejército republicano al comienzo de la guerra civil española. Tuvo así oportunidad de serenar su alma, en unos momentos de turbación y angustia. Pero a los pocos días sería capturado e ingresaría en la Cárcel Modelo de Madrid. Fue condenado a muerte y pasó a la prisión de San Antón, donde también coincidiría con Álvaro del Portillo. Salvado milagrosamente del fusilamiento, pasó a la Cárcel Modelo de Valencia, donde permaneció hasta el 30 de junio de 1937.

Durante ese tiempo, San Josemaría sufría y rezaba por los que, como Chiqui, estaban dispersos y en peligro. En una meditación predicada en la Legación de Honduras, donde estaba refugiado, comentaba: “Yo padezco por aquellos miembros de la Obra, hijos míos, que están ausentes en la trinchera, en la cárcel, […]. Y Chiqui… ¡con cuánta paz nos cuentan que lleva sus sufrimientos! Tendrá sus cruces interiores pero también, como todos, sus consuelos; esos consuelos que Tú sabes dar. Pido por él y también por todos los que se encuentren en un trance difícil, sin conocerlo nosotros”.

Tras numerosas peripecias y coincidencias providenciales, el 21 de agosto de 1937 Chiqui llegó de nuevo a Madrid, después de haberse incorporado al ejército republicano y ser destinado a transmisiones.

Dos días después, el 23 de agosto, a primera hora, José María Hernández Garnica fue al encuentro de San Josemaría en la Legación de Honduras. Fue un momento de una gran emoción. Charlaron detenidamente y, al final de la conversación, recibió la comunión de manos de san Josemaría. Después se fue con Isidoro Zorzano a desayunar. Comenzaron así unas semanas de relativa tranquilidad en las que pudo mantener un trato frecuente con Isidoro, y conocer a doña Dolores Albás, madre de San Josemaría, y a su hermana Carmen.

