Un domingo fui a misa por la mañana, después fui a comprar el pan y al llegar casa almorcé, y después al sacarme los audífonos vi que había perdido uno. Lo busqué por casa y no lo encontré. No era consciente de dónde lo había perdido. Después al rezar la estampa diaria en JMHG, añadí la intención de que encontrara el audífono. Salí, y aunque había pasado una hora, pensaba que podía buscarlo por tierra del itinerario que hice. Iba mirando por el suelo hasta llegar a la iglesia, pero no lo encontré, y como en ese momento decían misa, decidió entrar en la iglesia después de misa, para ver si lo encontraba por el suelo o alguien lo hubiera llevado a la sacristía. Seguí el itinerario hasta el horno y, ¡qué alegría!, lo encontré en el suelo junto a un alcorque. Le agradecí el favor a Chiqui.

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