Todos los años, coincidiendo con el paso de los Pirineos de nuestro Padre se organiza una carrera y una travesía nocturna hasta Andorra: el Trail Rosa del Nord. Me había comprometido a acompañar como guía al grupo de montañeros; otras personas no podían.
Resultó que la semana anterior me encontré un poco indispuesto y, como la travesía es dura (1.600 m de desnivel, 22 Km de marcha), dudé de si podría hacerlo. Pasaron los días y no mejoraba del todo. Dos días antes del evento, por la tarde, caí en la cuenta de que era el 17 de noviembre, ¡aniversario del nacimiento de Chiqui! Le pedí perdón por no haberme acordado antes y le dije: « si quiero hacer esto es por nuestro Padre; o sea que tienes que curarme ».
Pero llegó el día de la travesía y no me encontraba del todo bien; sin muchas fuerzas. Me enfadé con Chiqui y le dije que me había fallado. Resignado, fui al lugar de concentración, estuve ayudando en diferentes tareas organizativas toda la mañana y, como no encontraba a nadie que pudiera sustituirme, me resigné a hacer la travesía en esas condiciones.
El caso es que, un rato antes del inicio de la marcha, desapareció por completo el malestar y pude hacer la travesía sin ninguna dificultad. Es más, he hecho este recorrido en diferentes ocasiones, y ésta ha sido la vez que me ha resultado más cómoda y sin cansancio.
Le prometí a Chiqui que lo escribiría y que no volvería a desconfiar de él. Ya he cumplido la primera parte; ahora sólo queda la segunda.

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