Un amigo que tiene Alzheimer quería enseñarme una fotografía. Le hacía mucha ilusión, pero no era capaz de localizarla en el teléfono. Lo intentó varias veces. Al constatar su limitación comenzó a ponerse nervioso. Para evitar que la cosa fuera a más, dije por dentro: «Chiqui, que la encuentre ‘ya’». Justo en ese momento apareció en la pantalla del teléfono, como por arte de magia, la fotografía. ¡Gracias, Chiqui!

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