AL terminar el bachillerato empezó entonces a preparar el difícil ingreso en la 15 Escuela de Ingenieros de Minas, que contaba con plazas limitadas.
Como era habitual, acudió a una Academia especializada en estas materias. Por fin, tantas horas de estudio y clases dieron su fruto.
En septiembre de 1932, superados los exámenes de ingreso, presentó una instancia para ser admitido en la Escuela de Ingenieros de Minas en Ríos Rosas.
En la Escuela de Minas, hizo muchos amigos y se aplicó a los estudios con seriedad. Superó las asignaturas en la convocatoria ordinaria de junio. Sus calificaciones le colocaron entre los mejores del curso.
